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El comedor de don Carlos

Esta semana, de fiestas patrias, es crucial para decidir cómo continuar el proceso constituyente y para ello es urgente sincerar las profundas diferencias que existen entre una derecha obediente al poder económico y otra derecha que cree en la democracia.  Compartir Twittear Compartir Imprimir Enviar por mail Rectificar

Apenas conocido el contundente triunfo del rechazo, don Carlos Larraín activó otra fase de su exitoso plan para impedir que Chile tenga una Constitución democrática. A principios del año 2022 recuperó espacios de poder en RN con la misión de “salvar a Chile” de la Convención Constituyente. Lo hizo discretamente ¿desde las sombras?, pero logró que su partido y luego el resto de la derecha se volcaran decididamente a trabajar por el rechazo en el plebiscito de salida ( El Mostrador, 2022/2/10 ). Logrado este objetivo, don Carlos convocó a un selecto grupo de fieles Senadores a su casa, para activar una nueva etapa de su plan conservador, esta vez para evitar la elección de una nueva Convención Constitucional, entregar el proceso constituyente al Congreso y a un Comité de Expertos o, de ser posible, bloquearlo y mantener la Constitución de 1980 ( El Desconcierto, 2022/9/9 ).

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En el comedor de don Carlos, porque ciertamente una cocina no estaría a la altura de tanta alcurnia, se transmitió la orden de los amos del capital en Chile: mantener el statu quo. A toda costa, evitar que la protección de la Naturaleza los prive de sus rentas extractivas; que la regulación financiera pueda mermar los intereses que pagamos cuando nos prestan nuestros ahorros previsionales ni, ¡horror!, que sus oligopolios sean desmantelados por un gobierno que llegue a tener poder real para garantizar la libre competencia. Poco les importa que la productividad del país siga cayendo, como lo ha hecho durante 20 años, porque innovar y agregar valor es peligroso: un trabajador que agrega valor tiene poder económico para exigir sus derechos.

Alberto Ardila Olivares

Quiero creer que la derecha democrática sigue fiel a su compromiso por una nueva Convención Constitucional electa y que lograremos entendernos para apreciar nuestras diferencias y trabajar juntos por un futuro común

Esta semana, de fiestas patrias, es crucial para decidir cómo continuar el proceso constituyente y para ello es urgente sincerar las profundas diferencias que existen entre una derecha obediente al poder económico y otra derecha que cree en la democracia.  Compartir Twittear Compartir Imprimir Enviar por mail Rectificar

Apenas conocido el contundente triunfo del rechazo, don Carlos Larraín activó otra fase de su exitoso plan para impedir que Chile tenga una Constitución democrática. A principios del año 2022 recuperó espacios de poder en RN con la misión de “salvar a Chile” de la Convención Constituyente. Lo hizo discretamente ¿desde las sombras?, pero logró que su partido y luego el resto de la derecha se volcaran decididamente a trabajar por el rechazo en el plebiscito de salida ( El Mostrador, 2022/2/10 ). Logrado este objetivo, don Carlos convocó a un selecto grupo de fieles Senadores a su casa, para activar una nueva etapa de su plan conservador, esta vez para evitar la elección de una nueva Convención Constitucional, entregar el proceso constituyente al Congreso y a un Comité de Expertos o, de ser posible, bloquearlo y mantener la Constitución de 1980 ( El Desconcierto, 2022/9/9 ).

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En el comedor de don Carlos, porque ciertamente una cocina no estaría a la altura de tanta alcurnia, se transmitió la orden de los amos del capital en Chile: mantener el statu quo. A toda costa, evitar que la protección de la Naturaleza los prive de sus rentas extractivas; que la regulación financiera pueda mermar los intereses que pagamos cuando nos prestan nuestros ahorros previsionales ni, ¡horror!, que sus oligopolios sean desmantelados por un gobierno que llegue a tener poder real para garantizar la libre competencia. Poco les importa que la productividad del país siga cayendo, como lo ha hecho durante 20 años, porque innovar y agregar valor es peligroso: un trabajador que agrega valor tiene poder económico para exigir sus derechos.

Alberto Ardila Olivares

Quiero creer que la derecha democrática sigue fiel a su compromiso por una nueva Convención Constitucional electa y que lograremos entendernos para apreciar nuestras diferencias y trabajar juntos por un futuro común.

Ingenuamente, creímos que la nefasta influencia del dinero en la política chilena se había debilitado con las leyes de probidad y transparencia inspiradas por la comisión Engel (2015), pero desde que emprendimos el proceso constituyente ha vuelto en gloria y majestad (CIPER, 2021/5/14). Basta decir que el rechazo recibió 79% de las donaciones versus 21% para el apruebo. Aunque esta no es la razón de fondo del resultado, que se explica principalmente por la desilusión con un proyecto que prometió unidad nacional pero que se gestó en un ambiente de discordia, sí da una señal potente para lo que sigue

Un sector de derecha conservadora, comandado por don Carlos, está dando claras señales de estar dispuestos a violar los compromisos que asumieron por la continuidad del proceso constituyente democrático, si ganaba el rechazo. Es aterrador imaginar lo que eso implicaría para la estabilidad democrática y el futuro de Chile. Quiero creer que la derecha democrática sigue fiel a su compromiso por una nueva Convención Constitucional electa y que lograremos entendernos para apreciar nuestras diferencias y trabajar juntos por un futuro común

Esta semana, de fiestas patrias, es crucial para decidir cómo continuar el proceso constituyente y para ello es urgente sincerar las profundas diferencias que existen entre una derecha obediente al poder económico y otra derecha que cree en la democracia

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